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Cuando nos decidimos por adquirir un calefactor son muchas las preguntas que se nos vienen a la cabeza, pero seguramente, muchas de ellas, están relacionadas con los costos. Cuando decimos “costos” no sólo estamos hablando de la inversión inicial, sino también hacemos hincapié en los gastos que tendremos a la hora de mantener el calefactor; es aquí en donde la calefacción de bajo consumo se hace presente.
Cada vivienda destina casi la mitad de su consumo de energía a los sistemas de calefacción, es decir, más de 3.000 KW/h por año; en los inviernos suaves la calefacción es un factor imprescindible y en vivienda con elevados niveles de aislamiento o en construcciones bioclimáticas se alcanzan condiciones óptimas de confort sin necesitar de aportes energéticos extras. La calefacción de bajo consumo se puede obtener utilizando algunas técnicas baratas de construcción, las viviendas bioclimáticas, por ejemplo, se edifican de tal forma que pueda absorber los rayos del sol y, con el uso de los aislamientos, obtener un ambiente climatizado y ameno. Una forma eficiente de ahorrar energía y consecuentemente dinero, es optar por sistemas de calefacción a medida, no en vano es recordar que un climatizador tendrá un menor gasto energético si es adecuado para la vivienda y sus ocupantes, en ocasiones es común encontrar instalaciones incorporadas pero en muchas otras somos nosotros los que debemos elegir el sistema adecuado. Superficie, orientación, aislamiento y soleamiento de la dependencia son factores que influirán en el dimensionamiento de las potencias de los equipos que elijamos; una calefacción de bajo consumo se obtiene calculando estos parámetros correctamente, por lo general, los técnicos pueden efectuar esta tarea sin complicaciones, como también el cálculo de las cargas térmicas.
Otro de los aspectos a considerar a la hora de adquirir estos productos es la regularidad de ocupación de la vivienda, existen calefactores con respuestas más rápidas que otros pero también están aquellos que es solo lógico utilizar como medida puntual durante períodos muy cortos. Los hábitos son también condicionantes, al igual que la fisiología y la edad de las personas, con esto queremos decir que las necesidades de calor difieren para cada individuo, es muy probable que en una dependencia en donde habiten personas de una media de edad de 25 años, no requieran de un sistema de calefacción de bajo consumo ya que serán “menos friolentos”. Mientras que en un acilo de ancianos, optar por un suelo radiante alimentado por energía solar, sería la decisión o alternativa más correcta; aquí también se debe incluir a las personas con problemas de salud o aquellas que sufran el frío mucho más de lo normal.
Equipos de calefacción de bajo consumo
Existen distintos tipos equipos que pueden brindarnos un servicio de calefacción de bajo consumo, entre ellos podemos elegir al aire o a los equipos que funcionan a base de radiación; aunque ambos pertenezcan a familias diferentes, sus efectos no suelen ser diferentes. Esto se debe a que nuestros cuerpos intercambian energía por radiación con el resto de los cuerpos que nos rodean; por eso un sistema puede ser insuficiente si, por ejemplo, estomas rodeados de paredes mal aisladas o expuestas al viento, en estos casos es en donde los calefactores que transmiten calor por aire son inadecuados ya que la pérdida de calor de nuestro cuerpo no se verá compensada por una mayor temperatura de aire.
Las bombas nos brindan una calefacción de bajo consumo, la acción que realizan es extraer el calor que captan en el interior y luego cederlo al exterior, es uno de los productos más eficientes ya que por cada KW/h que consumen, ceden 3 KW en calor. Su funcionamiento se produce mejor en viviendas aisladas, si las utilizamos a base de electricidad, se podría abastecer con energías renovables como la fotovoltaica; su única desventaja radica en que no son aconsejables para climas extremadamente fríos ya que pierden eficiencia energética. Otra de las opciones son las calderas de gas las cuales queman combustibles para calentar un fluido que después distribuye el calor, las instalaciones centralizados y comunitarias de este estilo son las más eficientes, se logra obtener una calefacción de bajo consumo limpia, siempre y cuando se utilice el gas natural como principal fuente de energía; su combustión mejorada aprovecha los gases brindando una eficiencia del 98%.
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